¡Qué imaginación tienes! ¿Cómo se te ocurren esas cosas? ¿De dónde sacas esas ideas? Estas suelen ser las frases que más me dicen cuando me preguntan por mi proceso creativo en fotografía y cómo cobran vida mis bodegones artísticos.
Yo en ocasiones también me lo he preguntado, sobre todo para encontrar una fuente o un método que me permita expresar lo que deseo de una manera fluida e inmediata. Sin embargo, esa fuente o ese método posiblemente no es como lo imaginamos. Os voy a contar cómo es mi proceso creativo en fotografía habitual y tal vez encontremos las respuestas.
Gran parte de mi vida está orientada a encontrar o a crear fotografías. Esto hace que siempre esté fijándome en elementos visuales, es decir, no solo veo cosas, sino que las miro. Es como si estuviera en un estado de alerta visual permanente, en el buen sentido (no es una obsesión ni un trastorno…); digamos que pongo mucho interés en el lenguaje no verbal que existe a mi alrededor.
Si a esto le sumo el tiempo que paso mirando fotografías de otros autores, pinturas, exposiciones, etc., poco a poco termino teniendo una sólida cultura visual. Como me suelo centrar más en los objetos, termino desarrollando un lenguaje o simbología de estos, tanto por su naturaleza como por su utilización o situación.
Para mí es un proceso placentero. En ocasiones veo objetos e intento mantener un diálogo con ellos, es como si dejara mi mente en blanco y esperara a que ellos me digan algo. En resumen, creo que he educado mi mirada a esos objetos y a esas situaciones que permiten que mi mente esté encendida y enfocada en este tipo de fotografía conceptual.
Esta es la base en la que me muevo, es como mi formación en fotografía, mi preparación personal. Y se resume en cuatro etapas esenciales.
🎨 Las 4 etapas de mi proceso creativo en fotografía
Etapa 1: La recolección de objetos e ideas fotográficas
Yo definiría esta primera etapa como la recopilación de protagonistas o de ideas. En este caso recopilo objetos que me han seducido de alguna manera, por sí solos o bien porque pueden representar mucho más de lo que habitualmente hacen. Algunos de estos objetos los guardo por casa o bien tomo nota de ellos (sí, tengo una lista de objetos y lo que podrían dar de sí). Básicamente es como la selección de personal para representar una obra de teatro que todavía no está escrita, y me he quedado con el currículum de cada uno de ellos.
Esta etapa en ocasiones llega incluso a que realice una sesión de fotos de un objeto para profundizar aún más en su esencia, ver cómo le sientan diferentes iluminaciones, su textura o su color.
En otras ocasiones, en menor medida, lo que recopilo son ideas o sentimientos que me gustaría representar en mis bodegones conceptuales. También tomo nota de ellos y los apunto en una lista. Normalmente los últimos objetos o las últimas ideas se me quedan en la cabeza y les voy dando vueltas en diferentes momentos del día.
Un buen ejemplo de esta etapa son unos tornillos que estuvieron esperándome mucho tiempo hasta que se me ocurrió qué hacer con ellos: buscarles los entornos más famosos del mundo para que pudieran posar como personajes. De ahí salió mi serie Tornillos famosos.

Etapa 2: Maceración e incubación mental
Yo tengo una vida normal: trabajo, tengo vida social, viajo… La fotografía es algo que me acompaña en esa vida «normal». En esos momentos de espera, de aburrimiento (sí, en alguna reunión me pasa) o en momentos de relajación mental, es cuando suelo pensar en esos últimos objetos o ideas de los que hablábamos antes.
Refresco su silueta, su esencia, lo que me transmitieron y otras posibles utilizaciones. No siempre, mejor dicho, casi nunca, sacas una idea para la próxima fotografía de manera inmediata; simplemente le das más y más vueltas. Es asegurarte de que tu mente está activa y de que la tienes centrada en esta búsqueda de la próxima obra visual.
Etapa 3: La chispa de la idea conceptual
Tanto va el cántaro a la fuente que termina rompiéndose; esto es lo que suele suceder. En un determinado momento del día, terminas de asociarlo todo: los objetos, la situación, las ideas. Finalmente aparece algo que te indica que has encontrado la idea y la foto que buscabas. Parece que ya has elaborado el guion de esa obra de teatro y que los personajes (los objetos) son los perfectos para representarla.
Aquí es cuando me nace la ilusión, las ganas de ponerme lo antes posible a materializar lo que he visto en mi mente. Crees que ha llegado el momento y temes que se te olvide algún detalle, pero por otra parte tienes las dudas normales sobre el resultado final que obtendrás en el estudio.
Etapa 4: El taller y la iluminación de bodegones
Es cuando me pongo manos a la obra realmente. Se trata de preparar todo lo necesario; en mi casa dispongo de espacio para hacerlo. Saco los objetos, los coloco como había imaginado, afino la composición, y es entonces cuando comienzan los problemas reales del estudio de fotografía. No siempre el objeto se queda en la posición que querías, los tamaños no son los que viste en tu imaginación, e incluso algunos de los personajes (los objetos) no se llevan tan bien entre ellos como pensabas.
Esta etapa de elaboración también es un reto para conseguir físicamente la idea que tenías, pero siempre aprendes trucos de composición: cintas que pegan por ambas caras, plastilina… Hablaremos de estas técnicas de iluminación de bodegones y montaje en otra ocasión.
En ocasiones termino la sesión con grandes esperanzas de que en el procesado digital de la imagen todo termine de cuadrar, pero en otras ocasiones me doy cuenta de que el resultado no llegará a lo previsto ni con una buena edición. Estas son las fotos que se quedan en el disco duro y que, de momento, nadie más ve.
📚 Un proceso creativo con nombre propio: Graham Wallas
Con el tiempo he descubierto que estas cuatro etapas que sigo de forma intuitiva coinciden bastante con el modelo que describió el psicólogo Graham Wallas en 1926: preparación, incubación, iluminación y verificación.
No lo conocía cuando empecé a fotografiar así, y tal vez por eso me hace más gracia comprobar que, sin saberlo, llevo años siguiendo un camino que ya otros investigadores de la creatividad habían recorrido antes. Puede que no exista una fórmula mágica para tener ideas fotográficas instantáneas, pero sí una forma de entrenar la mirada, ser paciente con los objetos y darle tiempo a la mente para que haga su trabajo.
